“No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.”
De esta manera comienza el poema “No te detengas” del gran poeta Walt Whitman, el cual - justo en la semana que celebramos en nuestra escuela la fiesta de la poesía - me sirve como punto de partida para intentar expresar lo que ha supuesto para mi hija y sus padres la experiencia que vivió junto a sus compañeros y sus maestras de la clase del Castillo los días 19 y 20 de abril en el aula de la naturaleza de Dílar. Las “colonias”, como los niños no paran de nombrar y repetir, es sin duda alguna uno de los acontecimientos más importantes del curso como ya he podido comprobar en mi primer año formando parte de la familia Belén.
Creo que no soy el único de los padres del Castillo que se sorprendió cuando, en una de las primeras reuniones a principios de curso que tuvimos con nuestra maestra Belén, se nos habló sobre una actividad que se realizaría en el mes de abril que supondría que nuestros hijos durmiesen una noche fuera de casa. En esos momentos lo que realmente me preocupaba era la adaptación de Julia, mi hija, a su clase y lo que pensé fue algo del estilo: “bueno, queda mucho. Ya veremos de aquí a entonces” Pero los meses pasaron volando y cuando nos dimos cuenta la esperada, y a la vez algo temida, fecha había llegado. Era hora de asistir a la reunión de preparación de la gran e inolvidable aventura que nuestros hijos estaban a punto de protagonizar.

El nerviosismo y expectación de los padres “novatos” en estas lides contrastaba con la actitud más relajada de los que ya habían vivido la experiencia por tener hijos mayores también en el centro. En primer lugar, Belén comenzó explicando otros asuntos relacionados con la clase hasta que llegamos al punto de la reunión en el que se trataba el gran acontecimiento. En mi opinión, lo que realmente me impresionó y me convenció completamente de que hacíamos lo mejor animando a nuestros hijos a vivir esta experiencia fue la actitud de Belén al contar su dilatada trayectoria acudiendo junto a distintas generaciones de niños a “las colonias”. Como docente que también soy, uno reconoce al instante a aquel docente que es vocacional, y Belén y Juanpe - aprovecho para desearte de parte de todos una pronta recuperación y decirte que los niños se acuerdan mucho de ti – sin duda alguna lo son. Escuchar a Belén hablar y emocionarse, no sólo como maestra sino como madre que también es, de lo que suponía esta vivencia para padres e hijos creo que nos hizo a todos pensar: “con Belén dejo que mi hija o hijo vaya hasta el fin del mundo”.