jueves, 26 de abril de 2018

La aventura de la clase del Castillo en Dílar

“No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.”


De esta manera comienza el poema “No te detengas” del gran poeta Walt Whitman, el cual - justo en la semana que celebramos en nuestra escuela la fiesta de la poesía - me sirve como punto de partida para intentar expresar lo que ha supuesto para mi hija y sus padres la experiencia que vivió junto a sus compañeros y sus maestras de la clase del Castillo los días 19 y 20 de abril en el aula de la naturaleza de Dílar. Las “colonias”, como los niños no paran de nombrar y repetir, es sin duda alguna uno de los acontecimientos más importantes del curso como ya he podido comprobar en mi primer año formando parte de la familia Belén.
Creo que no soy el único de los padres del Castillo que se sorprendió cuando, en una de las primeras reuniones a principios de curso que tuvimos con nuestra maestra Belén, se nos habló sobre una actividad que se realizaría en el mes de abril que supondría que nuestros hijos durmiesen una noche fuera de casa. En esos momentos lo que realmente me preocupaba era la adaptación de Julia, mi hija, a su clase y lo que pensé fue algo del estilo: “bueno, queda mucho. Ya veremos de aquí a entonces”   Pero los meses pasaron volando y cuando nos dimos cuenta la esperada, y a la vez algo temida, fecha había llegado. Era hora de asistir a la reunión de preparación de la gran e inolvidable aventura que nuestros hijos estaban a punto de protagonizar.

El nerviosismo y expectación de los padres “novatos” en estas lides contrastaba con la actitud más relajada de los que ya habían vivido la experiencia por tener hijos mayores también en el centro. En primer lugar, Belén comenzó explicando otros asuntos relacionados con la clase hasta que llegamos al punto de la reunión en el que se trataba el gran acontecimiento. En mi opinión, lo que realmente me impresionó y me convenció completamente de que hacíamos lo mejor animando a nuestros hijos a vivir esta experiencia fue la actitud de Belén al contar su dilatada trayectoria acudiendo junto a distintas generaciones de niños a “las colonias”. Como docente que también soy, uno reconoce al instante a aquel docente que es vocacional, y Belén y Juanpe  - aprovecho para desearte de parte de todos una pronta recuperación y decirte que los niños se acuerdan mucho de ti – sin duda alguna lo son. Escuchar a Belén hablar y emocionarse, no sólo como maestra sino como madre que también es, de lo que suponía esta vivencia para padres e hijos creo que nos hizo a todos pensar: “con Belén dejo que mi hija o hijo vaya hasta el fin del mundo”.
Y, por fin, llegó el momento de su partida tras unos días previos de preparación de la mochila, mochilones en algunos casos, con todo lo necesario para vivir su gran acontecimiento. Nuestros hijos salían desfilando con sus caritas iluminadas de expectación desde la clase a la parada de autobús, mientras el resto de la escuela y padres los aplaudían y despedían tratándolos como lo que eran: los protagonistas de esta aventura.

La tarde y noche del jueves no fueron fáciles para muchos padres del grupo que mostraban un lógico nerviosismo – el grupo que tenemos de whatsapp echó humo de tanto mensaje- porque todos nos acordábamos mucho de nuestros hijos y nos preguntábamos qué tal les estaría yendo la experiencia. Menos mal que de vez en cuando recibíamos algún mensaje o foto que mandaba Belén para que estuviésemos más tranquilos y relajados. 
Finalmente, como era de esperar, el instante más emocionante fue el momento en el que el autobús de nuestros hijos apareció de vuelta y vimos asomar sus cabecitas por las ventanillas – eso el que no se había quedado dormido – buscando con avidez a sus padres entre toda la gente que se agolpaba en la parada cual fanes o forofos esperando la llegada de una famosa banda de rock o un equipo de fútbol. Como cualquiera puede imaginar, en cuanto bajaron del autobús los colmamos de besos y abrazos y compartimos una bonita vuelta a casa en familia.

En los días posteriores, cada niño ha expresado sus recuerdos y vivencias de distintas maneras entrando en más o menos detalles y fijándose y destacando aspectos diferentes - el duende que vivía en un árbol y les dejó regalos seguramente sea uno de los más recurrentes - aunque doy por hecho que para todos ha sido una experiencia muy enriquecedora y de superación personal a pesar de su corta edad. Es evidente que tanto padres como hijos hemos tenido que superar ciertas barreras y temores a lo largo de esos días, pero creo que la recompensa ha merecido mucho la pena. En el caso de mi hija, que es tímida y que le costó adaptarse a la escuela los primeros días de curso, constatar la euforia y alegría que mostró desde que se bajó del autobús y la cantidad de anécdotas y peripecias que nos contó camino a casa y sentada en el sofá antes de caer vencida por el sueño ha sido algo que nunca podré agradecer lo suficiente. Puede que todo el mundo no comparta o entienda este tipo de actividades con niños tan pequeños o algunos piensen que es una locura. Sabemos que no es lo habitual en muchos centros a estas edades, pero creo que precisamente muchos padres hemos elegido Belén porque buscábamos otro tipos de vivencias y un mayor desarrollo de la autonomía y personalidad de nuestros hijos.
Como conclusión, y si por si acaso la demoledora frase del poeta Leopoldo María Panero “en la infancia se vive y después se sobrevive” tiene algo o mucho de verdad, creo que como padres debemos aspirar a sentirnos el día de mañana satisfechos de haber hecho todo lo posible para que nuestros hijos hayan vivido y protagonizado una infancia lo más gozosa posible permitiéndoles vivir experiencias como esta. Ganarán ellos y ganaremos nosotros si intentamos a través de nuestros hijos volver a revivir la ilusión y la pureza que una vez también tuvimos porque estoy convencido que sólo algo hermoso puede salir de eso.
Un saludo a todos y hasta la próxima aventura.
Luismi padre de Julia (Castillo)




Pichad aquí para ver el montaje que nos ha preparado Elena.

1 comentario:

  1. Que bonita la experiencia y que hermoso relato. Gracias por contarnos y compartir vuestra vivencia.
    Gloria, mamá de Lara

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